A las ruinas de Itálica
A Sevilla

A las ruinas de Itálica

Esta rota y cansada pesadumbre
osada muestra de soberbios pechos,
estos quebrados arcos y deshechos,
y abierto cerco de espantosa cumbre,

descubren a la ruda muchedumbre
su error ciego, y sus términos estrechos;
y sólo yo, en mis grandes males hechos,

nunca sé abrir los ojos a la lumbre.

Pienso que mi esperanza ha fabricado
edificio más firme; y aunque veo
que se derriba, sigo al fin mi engaño.

¿De qué sirve el juicio a un obstinado,
que la razón oprime en el deseo
de ver su error, y padecer más daño?


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A SEVILLA


Reina del grande Océano dichosa,
sin quien a España falta la grandeza,
a quien Valor, Ingenio y Nobleza
hacen más estimada y generosa;

¿cuál diré que tú seas, Luz hermosa
de Europa? Tierra, no; que tu riqueza
y gloria no se cierra en su estrecheza;
cielo sí, de virtud maravillosa.

Oye, y se espanta, y no te cree el que mira
tu poder y abundancia; de tal modo
con la presencia ve menor la fama.


No ciudad, eres orbe. En ti se admira
junto cuanto en las otras se derrama;
parte de España, mas mejor que el todo.


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