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Fernando de Herrera
A las ruinas de Itálica A Sevilla
A las ruinas de Itálica
Esta rota y cansada pesadumbre osada muestra de soberbios pechos, estos quebrados arcos y deshechos, y abierto cerco de espantosa cumbre,
descubren a la ruda muchedumbre su error ciego, y sus términos estrechos; y sólo yo, en mis grandes males hechos,
nunca sé abrir los ojos a la lumbre.
Pienso que mi esperanza ha fabricado edificio más firme; y aunque veo que se derriba, sigo al fin mi engaño.
¿De qué sirve el juicio a un obstinado, que la razón oprime en el deseo de ver su error, y padecer más daño?
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A SEVILLA
Reina del grande Océano dichosa, sin quien a España falta la grandeza, a quien Valor, Ingenio y Nobleza hacen más estimada y generosa;
¿cuál diré que tú seas, Luz hermosa de Europa? Tierra, no; que tu riqueza y gloria no se cierra en su estrecheza; cielo sí, de virtud maravillosa.
Oye, y se espanta, y no te cree el que mira tu poder y abundancia; de tal modo con la presencia ve menor la fama.
No ciudad, eres orbe. En ti se admira junto cuanto en las otras se derrama; parte de España, mas mejor que el todo.
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