Organización Internacional Nueva Acrópolis en Sevilla
 Viernes, 10 Septiembre 2010 Organización Internacional Nueva Acrópolis en Sevilla 
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  Manuel Machado
Manuel Machado - Andalucia
- La saeta
- Julio
- Bendita sea mi tierra.
- Sevillanas
- La mujer sevillana
- Las concepciones de Murillo
- Velada sevillana

…………
ANDALUCIA
Cádiz, salada claridad... Granada,
agua oculta que llora.
Romana y mora, Córdoba callada
Málaga, cantaora.
Almería dorada...
Plateado Jaén... Huelva: la orilla
de las Tres Carabelas
Y Sevilla.

(Manuel Machado)

ľľľ
LA SAETA
I
«Míralo por donde viene
Mejor de los nacidos...»
Una calle de Sevilla
entre rezos y suspiros...
Largas trompetas de plata...
Túnicas de seda... Cirios
en hormiguero de estrellas
festoneando el camino...;
El azahar y el incienso
embriagan los sentidos...
Ventana, que da a la noche,
se ilumina de improviso
y en ella una voz- ¡Saeta!-
canta, o llora, que es lo mismo:
«Míralo por donde viene
el Mejor de los nacidos...»
(Manuel Machado)

ľľľ
JULIO

Calle del Betis. Triana.
El corazón del estío
penetra el escalofrío
de la fuente charlatana.

La Velada de Santa Ana
llena de música el río.
Con los ojos de Rocío
se ilumina la ventana.

De envidia, al verla, una estrella,
en las alturas sin fin,
estremecida rutila.

Y se apaga cuando ella
sale envuelta en el jardín
de su mantón de Manila.
(Manuel Machado)
ľľľ
Bendita sea mi tierra
Bendita sea Sevilla.
Sevilla tiene a Triana.
Triana tiene a mi niña.
¿Para qué quieren oír
y para qué quieren ver
oídos que no la escuchan,
ojitos que no la ven?
Te quiero, porque te quiero,
no por interés ninguno;
dinero sin gusto es ná,
y el gusto siempre es el gusto.
La Virgen de la Esperanza,
aquella que está en San Gil,
aquella Señora sabe
lo que yo te quiero a ti.
Mi mal no tiene remedio;
ésta sí que es la verdad...
Tus ojos, chiquilla, han sido
causa de mi enfermedad.
Con toíto lo que puede
el Señor del Gran Poder,
me dijo que no podía
curarme de tu querer.
Lloraba gotas de sangre,
y mis lágrimas bebía
porque no supiera nadie
lo que por ti padecía.
A mi mare, en la agonía,
le juré no verte más...
Si cumplo mi juramento
la vía me va a costar.
¡Ay maresita del Carmen,
qué pena tan grande es
estar juntito del agua
y no poderla beber!
Camino que no es camino
de más está que se emprenda,
porque más nos descarría
cuanto más lejos nos lleva.
(Manuel Machado)
ľľľ
SEVILLANAS
La seguiriya gitana
es la copla de la noche
musulmana...
Ojos negros, perdición.
El Poema siempre vivo
del Amor y de la Muerte.
Voz del corazón, cautivo
de la pena y de la suerte...
Hondo treno de pasión.
Pero la copla de luz
del paraíso andaluz,
alada y primaveral;
la graciosa charlatana
que dice toda Sevilla,
es la alegre seguidilla
sevillana,
llena de sol y de sal.
(Manuel Machado)
ľľľ
LA MUJER SEVILLANA
CARMEN
Cuando, al caer la tarde, como un suspiro, orea
los nemorosos patios del barrio de Triana,
y el cabello de Carmen, que de negro azulea,
y sus ojos, en donde amor florece y grana...
Envuelto en ese halo de gracia que defiende
al hombre que es amado de una mujer hermosa,
pasa Antonio, y en una larga mirada enciende
el alma y las mejillas de Carmen, ruborosa.
Ella lo ve alejarse, sintiendo confundido
al latir de su pecho el paso conocido.
Y al rezar el rosario, y al regar las macetas,
un nombre la perturba con delicias secretas.
Y sola ante el espejo –confesará mañana–,
prende en su pelo negro una rosa temprana.

ROSARIO
"Los hombres son los hombres. Y hay cosas en la vida..."
Ante tales razones, Rosario, convencida,
inclina a la costura la gallarda cabeza,
donde luce una rosa que envidia su belleza.
Y a pensar en su hogar, limpio como un espejo,
que ella cuida y encanta sólo con el reflejo
de su gracia... Rosario lo que es mundo ignora.
Cuando Juan viene, ríe. Si Juan se tarda, llora.
El, que la quiere mucho, aunque lo diga poco,
vuelve siempre a la sombra del amor verdadero.
Ella espera, y el nido amante y dulce cuida,
donde crece la planta de su cariño loco.
Y Juan no viene acaso aquella noche, pero...
"Los hombres son los hombres. Y hay cosas en la vida..."

ANA
¿Conocéis la leyenda que atribuye a Santa Ana
la invención del puchero?... ¿Y aquella otra, llena
de aroma y gracia, de una hierba que es buena
en competencia con otra que es mejor, Ana?
Y, en la ruda corteza de los augustos robles,
viendo gotas de lluvia resbalar como llanto,
¿pensasteis en los rostros, arrugados y nobles,
de las abuelas, reinas-madres, que amaron tanto?...
Todo ello se evoca viendo a esta vieja santa,
a quien nimba una lumbre de hogar inestinguida,
bajo la gracia pura del sevillano cielo...
Y aun con alegres cuentos al nietecillo encanta,
y aun, heroica, conserva, al final de la vida,
la sonrisa en los labios y la rosa en el pelo.
(Manuel Machado)
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LAS CONCEPCIONES DE MURILLO
Canto llano... Sentimiento
que sin guitarra se canta.
Maravilla
que por acompañamiento
tiene..., la Semana Santa
de Sevilla.
Cantar de nuestros cantares,
llanto y oración. Cantar,
salmo y trino.
Entre efluvios de azahares
tan humano y, a la par,
¡tan divino!
Canción del pueblo andaluz:
De cómo las golondrinas
le quitaban las espinas
al Rey del Cielo en la Cruz.
De las dos Concepciones, la morena...
La de gracia celeste y sevillana,
la más divina cuanto más humana,
la que habla del querer y de la pena.
La pintada a caricias ideales...
La toda bendición, toda consuelo,
la que mira a la tierra, desde el Cielo,
con los divinos ojos maternales.
La que sabe de gentes que en la vida
van sin fe, sin amor y sin fortuna,
y en vez del agua beben el veneno.
La que perdona y ve... La que convida
a la dicha posible y oportuna,
al encanto de amar y de ser bueno.
(Manuel Machado)
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VELADA SEVILLANA
Llovió la guitarra
sus notas en medio
de la copla (noche
de mayor). Los nervios
sacudió un terrible
estremecimiento...
La noche y la copla su verdad dijeron.
Hablaron de sangre;
de amor y de celos;
de dichas perdidas,
de adioses eternos,
de pena y de suerte
negra... Y de ojos negros.
Fulguró la danza
repentino alegro
de lamaretadas,
desmayos y vuelos,
y fue, línea a línea,
momento a momento,
ritmando un poema
de heridas y besos,
que de la gitana
dibujada el cuerpo,
envuelto en el rico
miliunanochesco
mantón de Manila
radiante y grotesco.
Suspiró de amores
el río en su lecho
profundo. Los cables
del barco gimieron
compasadamente.
En brazos del viento,
de los naranjales
y los limoneros
invadió el aroma
palacios y huertos.
La luna a la reja
llegó muy de quedo.
Sevilla y la noche
se dieron un beso.
(Manuel Machado)

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