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Manuel Machado
- Andalucia - La saeta - Julio - Bendita sea mi tierra. - Sevillanas - La mujer sevillana - Las concepciones de Murillo - Velada sevillana
………… ANDALUCIA Cádiz, salada claridad... Granada, agua oculta que llora. Romana y mora, Córdoba callada Málaga, cantaora. Almería dorada... Plateado Jaén... Huelva: la orilla de las Tres Carabelas Y Sevilla.
(Manuel Machado)
ƒæƒæƒæ LA SAETA I «Míralo por donde viene Mejor de los nacidos...» Una calle de Sevilla entre rezos y suspiros... Largas trompetas de plata... Túnicas de seda... Cirios en hormiguero de estrellas festoneando el camino...; El azahar y el incienso embriagan los sentidos... Ventana, que da a la noche, se ilumina de improviso y en ella una voz- ¡Saeta!- canta, o llora, que es lo mismo: «Míralo por donde viene el Mejor de los nacidos...» (Manuel Machado)
ľľľ JULIO
Calle del Betis. Triana. El corazón del estío penetra el escalofrío de la fuente charlatana.
La Velada de Santa Ana llena de música el río. Con los ojos de Rocío se ilumina la ventana.
De envidia, al verla, una estrella, en las alturas sin fin, estremecida rutila.
Y se apaga cuando ella sale envuelta en el jardín de su mantón de Manila. (Manuel Machado) ƒæƒæƒæ Bendita sea mi tierra Bendita sea Sevilla. Sevilla tiene a Triana. Triana tiene a mi niña. ¿Para qué quieren oír y para qué quieren ver oídos que no la escuchan, ojitos que no la ven? Te quiero, porque te quiero, no por interés ninguno; dinero sin gusto es ná, y el gusto siempre es el gusto. La Virgen de la Esperanza, aquella que está en San Gil, aquella Señora sabe lo que yo te quiero a ti. Mi mal no tiene remedio; ésta sí que es la verdad... Tus ojos, chiquilla, han sido causa de mi enfermedad. Con toíto lo que puede el Señor del Gran Poder, me dijo que no podía curarme de tu querer. Lloraba gotas de sangre, y mis lágrimas bebía porque no supiera nadie lo que por ti padecía. A mi mare, en la agonía, le juré no verte más... Si cumplo mi juramento la vía me va a costar. ¡Ay maresita del Carmen, qué pena tan grande es estar juntito del agua y no poderla beber! Camino que no es camino de más está que se emprenda, porque más nos descarría cuanto más lejos nos lleva. (Manuel Machado) ƒæƒæƒæ SEVILLANAS La seguiriya gitana es la copla de la noche musulmana... Ojos negros, perdición. El Poema siempre vivo del Amor y de la Muerte. Voz del corazón, cautivo de la pena y de la suerte... Hondo treno de pasión. Pero la copla de luz del paraíso andaluz, alada y primaveral; la graciosa charlatana que dice toda Sevilla, es la alegre seguidilla sevillana, llena de sol y de sal. (Manuel Machado) ƒæƒæƒæ LA MUJER SEVILLANA CARMEN Cuando, al caer la tarde, como un suspiro, orea los nemorosos patios del barrio de Triana, y el cabello de Carmen, que de negro azulea, y sus ojos, en donde amor florece y grana... Envuelto en ese halo de gracia que defiende al hombre que es amado de una mujer hermosa, pasa Antonio, y en una larga mirada enciende el alma y las mejillas de Carmen, ruborosa. Ella lo ve alejarse, sintiendo confundido al latir de su pecho el paso conocido. Y al rezar el rosario, y al regar las macetas, un nombre la perturba con delicias secretas. Y sola ante el espejo –confesará mañana–, prende en su pelo negro una rosa temprana.
ROSARIO "Los hombres son los hombres. Y hay cosas en la vida..." Ante tales razones, Rosario, convencida, inclina a la costura la gallarda cabeza, donde luce una rosa que envidia su belleza. Y a pensar en su hogar, limpio como un espejo, que ella cuida y encanta sólo con el reflejo de su gracia... Rosario lo que es mundo ignora. Cuando Juan viene, ríe. Si Juan se tarda, llora. El, que la quiere mucho, aunque lo diga poco, vuelve siempre a la sombra del amor verdadero. Ella espera, y el nido amante y dulce cuida, donde crece la planta de su cariño loco. Y Juan no viene acaso aquella noche, pero... "Los hombres son los hombres. Y hay cosas en la vida..."
ANA ¿Conocéis la leyenda que atribuye a Santa Ana la invención del puchero?... ¿Y aquella otra, llena de aroma y gracia, de una hierba que es buena en competencia con otra que es mejor, Ana? Y, en la ruda corteza de los augustos robles, viendo gotas de lluvia resbalar como llanto, ¿pensasteis en los rostros, arrugados y nobles, de las abuelas, reinas-madres, que amaron tanto?... Todo ello se evoca viendo a esta vieja santa, a quien nimba una lumbre de hogar inestinguida, bajo la gracia pura del sevillano cielo... Y aun con alegres cuentos al nietecillo encanta, y aun, heroica, conserva, al final de la vida, la sonrisa en los labios y la rosa en el pelo. (Manuel Machado) ƒæƒæƒæ LAS CONCEPCIONES DE MURILLO Canto llano... Sentimiento que sin guitarra se canta. Maravilla que por acompañamiento tiene..., la Semana Santa de Sevilla. Cantar de nuestros cantares, llanto y oración. Cantar, salmo y trino. Entre efluvios de azahares tan humano y, a la par, ¡tan divino! Canción del pueblo andaluz: De cómo las golondrinas le quitaban las espinas al Rey del Cielo en la Cruz. De las dos Concepciones, la morena... La de gracia celeste y sevillana, la más divina cuanto más humana, la que habla del querer y de la pena. La pintada a caricias ideales... La toda bendición, toda consuelo, la que mira a la tierra, desde el Cielo, con los divinos ojos maternales. La que sabe de gentes que en la vida van sin fe, sin amor y sin fortuna, y en vez del agua beben el veneno. La que perdona y ve... La que convida a la dicha posible y oportuna, al encanto de amar y de ser bueno. (Manuel Machado) ƒæƒæƒæ VELADA SEVILLANA Llovió la guitarra sus notas en medio de la copla (noche de mayor). Los nervios sacudió un terrible estremecimiento... La noche y la copla su verdad dijeron. Hablaron de sangre; de amor y de celos; de dichas perdidas, de adioses eternos, de pena y de suerte negra... Y de ojos negros. Fulguró la danza repentino alegro de lamaretadas, desmayos y vuelos, y fue, línea a línea, momento a momento, ritmando un poema de heridas y besos, que de la gitana dibujada el cuerpo, envuelto en el rico miliunanochesco mantón de Manila radiante y grotesco. Suspiró de amores el río en su lecho profundo. Los cables del barco gimieron compasadamente. En brazos del viento, de los naranjales y los limoneros invadió el aroma palacios y huertos. La luna a la reja llegó muy de quedo. Sevilla y la noche se dieron un beso. (Manuel Machado)
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